lunes, 27 de enero de 2014

Fly


Hay días en los que mi mente viaja y dejo de ser esa persona estresada delante de miles de papeles y de trabajo. Hay días en los que el tiempo, esa luz que entra por la ventana, o incluso ese instante anodino te hacen volar a otros anteriores.
  Y entonces vuelvo a ser esa persona que corría por Treptow a pesar del calor en un verano berlinés, o aquella niña que jugaba al escondite entre risas y carreras en las invernales noches de viernes en una villa de Llanes solitaria. Puedo ser aquella otra apoyada en el alféizar viendo a los musicos tocar un "One Love" coreado por decenas de turistas a la orilla del Sena. Aquella otra que bailaba en una azotea blanca en el atardecer naranja de un Amán que olía a jazmín y sonaba a la melodía del camión del gas. Ésa que enamorada, busca cualquier rincón del mundo para hacerlo propio. O quizás puedo ser la que creía tocar el techo de Europa con sólo estirar la mano.
Pero sin embargo, mi viaje dura poco y me vuelvo a encontrar aquí, con los mismos papeles y los mismos problemas, rodeada por esa luz que me transporta en el tiempo y a otros lugares. Entonces me pregunto qué queda de todas esas personas que fui y si me estoy convirtiendo realmente en lo que ellas soñaban ser.

Y finalmente me rindo al admitir que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque por pasado, carece ya de incertidumbre.