miércoles, 18 de julio de 2012

Atónita

Hace una semana que el gobierno, representado por su presidente, anunció los más duros recortes que ha tenido nunca este país. La sociedad en la que hemos vivido desde la transición, ese estado del bienestar y esa sensación de progreso va a cambiar. Todavía no somos conscientes de lo que eso va a suponer.

Sin embargo, en este momento no quiero hablar de esas medidas. No voy a criticar el hecho de que muchas de ellas sean irracionales, crueles, y que como siempre, opriman al pueblo y enriquezcan a los que más tienen. De lo que quiero hablar ahora es de esa clase social que nos representa y que siempre se encuentra amparada, esa "clase política" que no debería existir.

En el Congreso, la cámara más alta de representación ciudadana, una chica rubia, pija, aparentemente mona y bien vestida, aplaude a la reformas (recortes, suicidios, penurias, étc) que está proclamando su presidente, quien por cierto lo dice "sin que le tiemble la voz". (No entiendo como un presidente de gobierno puede estar orgulloso de decir que no le tiembla la voz anunciando lo que va a hacer, si tenemos en cuenta que muchas familias no tendrán que comer, ni mucho menos cómo puede tener la desfachatez de convertirse en un ser tan alejado de la realidad. Considero que a cualquiera en su lugar, no solo nos temblaría, sino que pediríamos perdón públicamente por vernos en esa situación).

Pero volvamos a esa rubia que aplaude al son de sus colegas de partido y su forma tan mona, sin inmutarse y con orgullo en que dice "¡que se jodan!". Entonces resulta que esa joven rubia, pijita y encantada de conocerse a sí misma, es Andrea Fabra, representante de la cuarta generación de caciques y señores de Castellón, hija de Fabra, y por supuesto, enchufada en el partido desde su más tierna edad. Y esa señorita, en el Congreso, donde cobra su considerable sueldo y que se supone que representa a los ciudadanos de Castellón, insulta y desprecia de la peor manera posible a todos los ciudadanos de este país. A mí, a vosotros, aplaudiendo encantada. Mientras que la agresión verbal de un entrenador de fútbol nos parece mal, aceptamos sin inmutarnos que un político, repito, un representante de los ciudadanos, agreda de manera tan fortuita y ajena a la realidad, a la sociedad en conjunto; inconcebible. Es indignante y nos deja a los ciudadanos a la altura de la mierda. Y nos joderán, claro que lo harán y mientras lo hagan no se les moverá ni un mechón de su arreglado pelo, ni pestañearán, porque ella (y ellos), la clase política, seguirá teniendo un sueldo que pagamos nosotros (los que nos jodemos) y que no se verá reducido.

Y yo, pequeña, insignificante, estudiante, como diría Millás "pre-parada para ser parada" y por supuesto, jodida, me pregunto si entre esa gente que se joderá (me remito a Andrea Fabra) y que se quedará en paro, enfermará y sufrirá, no habrá quienes la votasen como representante de su provincia y de sus ideales y necesidades. Me pregunto cómo estará esa sociedad que se jode, esa gente que en sus casa la ve aplaudir en el Congreso con su manicura de peluquería y su encanto personal y que entre sonrisas nos invita a jodernos (nos invita debería sustituirse por obliga). Y yo, me quedo atónita de que nadie diga nada, de que no haya responsabilidades, de que nadie pida disculpas, que nadie se avergüence de sus políticos o compañeros de partido, y de darme cuenta de que si nadie se queja, será porque finalmente, merecemos jodernos.