domingo, 18 de marzo de 2012

Lugares que yo tampoco quiero compartir con nadie

Acabo de terminar de leer esa maravillosa guía de escenas. Porque a pesar de ser un libro sobre lugares, lo que Elvira Lindo describe con su magnífica prosa son instantes. Mi rincón de refugio de Nueva York se ha terminado y me resulta triste. Ya no habrá más rutas culinarias en las que reprimir (al menos un poquito) a ese niño gordo que todos llevamos dentro. Los locales de jazz ya no vibran más que a miles de kilómetros de aquí. Ya no habrá paseos por los márgenes del Hudson, ni jardines salvajes en pleno corazón de la ciudad. Los zapatos ya no se nos romperán de tanto caminar ni imaginaremos las vidas de los Lorca en épocas tan distintas. Nos olvidaremos de tantas biografías cruzadas, de tanta gente...




Adoro a esa mujer. Me encanta su forma de ser, sus palabras y su forma tan clara y sensible de hablar sobre sí misma. Me gusta su relación con Antonio (Muñoz Molina) y su estilo de vida. Me gusta como se indigna con lo que resulta descabellado e ignorante y como lucha por salir adelante en cualquier situación. Leyendo el libro, viviendo esos (sus) días con ella, me paro a pensar en esos lugares que, con tanto mimo, inmortaliza.

Todos tenemos ese tipo de lugares a nuestro alrededor. Lugares que no queremos compartir con nadie, pero que inevitablemente necesitamos vivirlos con otros para hacerlos nuestros. En mi caso pensé en mi ciudad, ésa a la que vuelvo de vez en cuando, y en mi ciudad adoptiva. En la primera hay mil lugares en los que veo a mis fantasmas pasar, infantiles, felices, estresados, mojados por la lluvia del norte, y en donde se encuentran las personas que me lo han dado todo. En la segunda, recuerdo esa necesidad de caminar, de conocer, de explorarla hasta hacerla mía, los primeros meses, y tantas caras que de desconocidas pasaron a ser mi principal motor en el exilio.

Sin embargo creo que el lugar más importante es aquel que creamos. Que amamos. Ese sitio que encuentras y en el que si pudieses te quedarías para siempre. Ese brillo en los ojos con un toque canalla e imprudente. El lugar que queda grabado en un abrazo. La forma en que los labios se cruzan y posan en un beso. En el huequito de dos dientes separados. En la caricia de unas manos trabajadas por el dibujo. En el tacto de un cuerpo cuyas reacciones sabes prever. En el mapa de un rostro que podrías trazar de memoria.

Elvira comienza su libro " Para Antonio, porque donde está él, está mi casa"
Tú ya sabes que eres mi lugar, y ese sí que no lo quiero compartir con nadie.

martes, 13 de marzo de 2012

Por amor al arte

Una vez un buen amigo me comentó que, en algunas ocasiones, escribía sobre cosas que eran serias o de las que no tenía ni idea para contrastar las opiniones. Eso me hizo pensar en ese miedo que la gente tiene a aquello que a veces no puede comprender.

Comencé a darle vueltas, cayendo en la cuenta de que, por una parte es comprensible sentirse desalentado ante algo de lo que careces conocimientos, pero por otro lado, resulta triste pensar en que esas limitaciones nos las ponemos nosotros mismo.

Kandinsky


Los bebés sienten una primitiva atracción por todo aquello que tiene color o que se mueve. Ya en su más tierna infancia, un niño empieza a garabatear con plastidecores, usando los más llamativos... Pero en la juventud despreciamos con esa suficiencia descarada cualquier enseñanza o destello de aquel arte primitivo que tanto nos cautivó años antes.


No estudio Bellas Artes (aunque no me disgustaría) ni tampoco conozco ni reconozco infinitud de cuadros, pero eso no me importa. Cuando uno se encuentra delante de un gran cuadro de Kandinsky, poco importa la técnica, el estudio de los trazos o de esa lectura circular con final feliz que tanto se empeñaba en explicar mi profesor de Historia del Arte. Cuando estás delante de eso, solo sientes esa atracción, ese impulso, esa felicidad de la conjunción de colores que tan acertadamente encontró.

Macke


Lo mismo ocurre con otros grandes artistas contemporáneos de Kandinsky, los  Delaunay, Klee, Macke...  Sus obras, cargadas de valor y significados para los expertos y eruditos, no dejan de ser una experiencia abierta para todos aquellos que boquiabiertos, esbozamos una sonrisa delante de bastidores de tela con manchas de pintura.

Klee



Por eso, no comprendo que la gente no se moje con el arte, no lo disfrute ni lo intente hacer. El arte es algo muy serio, pero no solo está desarrollado para que su autor se vanaglorie ni para que las opiniones de los críticos sean públicas. El arte es algo divertido, cambiante, emocional.

 Algo hecho para ti y para mí. Para todos aquellos que intenten ver más allá, simplemente, por amor al arte.


(Robert) Delaunay



domingo, 11 de marzo de 2012

Complejo de dinamo


A veces me siento así. Cuando me rodea la oscuridad y no sé seguir, algo me dice que debo continuar la marcha. Da igual el rumbo. No distingues nada.

Sin embargo, cuanto más camino, más me aclaro.
Ya la luz me alienta.